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Reseña

Mi patria es la siesta

Me gusta dormir. Dentro de las posibilidades humanas es una de mis actividades favoritas. Trato de hacerlo lo máximo posible y en las mejores condiciones posibles. Con ello quiero decir que me preparo para ello, no entro directamente en el sueño, me recreo en la sensación previa para favorecer la prolongación de la fase REM.

Los factores que ayudan a esa inducción, en mi caso, son varios y depende de la hora del día, si voy a iniciar el sueño nocturno dejo mi mente fluir a través de la lectura, en cambio, la siesta del mediodía casi siempre va acompañada de un pequeño documental. En cualquiera de las dos fases provoco una bajada de intensidad de la luz que me rodea.

Por eso entenderás que sintiese una pequeña euforia cuando supe de los conciertos que están realizando durante este fin de semana en el Hotel Abba de Huesca. Es un espectáculo que forma parte del festival Micro y lo llevan a cabo Santiago Latorre y Nieves Arilla. El formato es sencillo, una cama, dos cantantes y como mucho dos personas por sesión.

Y la propuesta consiste en que los dos artistas cantan a los pies de la cama en la que se tumba el asistente. Al leer la sinopsis con la que resumían todo esto me dije “yo ahí me duermo fijo”.

Acudí al Hotel Abba bajo esa expectación, pregunté por el espectáculo y me indicaron el número de habitación. Eran las cuatro de la tarde y mi organismo estaba deseoso de encontrarse con la horizontalidad. Nada más entrar en la habitación 120 encontré una hoja con las instrucciones del evento, en ellas solicitaban al espectador que se introdujera en los placeres del sueño apagando el móvil, descalzándose y ofrecían un poco de agua o licor, así como lectura.

En esta preparación el relax hizo presencia y casi habitamos el sueño, al cuarto de hora, Santiago Latorre y Nieves Arilla hicieron acto de presencia en la habitación. Sin llamar pero sin alarmar, todo muy pausado y contenido. Se arrimaron al pie de la cama y pude sentir su presencia, aún teniendo los ojos cerrados de pura calma y disfrute. Somnoterapeutas de la vida. Merecemos una concejalía del sueño. En ese ambiente propicio uno podía divagar sobre su infancia, la irrealidad del instante o si se había dejado el gas abierto. Qué más da. Estuve en un concierto en el que no vi la cara de los intérpretes, pero ellos habitaron en mi cabeza con mayor fuerza que otros instantes.

Una de esas actuaciones en las que te dices “esto lo recordaré durante mucho tiempo”. Algo bello, incontestable y maravilloso. Que te canten Volare en estéreo en plena búsqueda de la siesta, o Julio Iglesias, sí, sí, Julio, wea, es impagable. Debería preguntarles para confirmar, pero creo que estuve sonriendo durante toda la actuación. Aunque la cadencia del espectáculo quizá me hizo dormir en algún instante, no lo sé, la sensación de relax era tal que desconozco si me dormí. Ella se situó a mi izquierda, o eso me pareció, y él a mi derecha. Se iban acercando o alejando del oído conforme la sensación, el instante.

En una de las canciones y esto sé que no es producto de ningún sueño, tocaron una melódica, pero no te puedo decir quién de los dos lo hizo, mi búsqueda áurea quiere creer que lo hizo Santiago, pero no lo podría asegurar. Esto me lleva a pensar que en la hoja de instrucciones no pedían cerrar los ojos y sin embargo me obligué a no abrirlos durante todo el concierto, qué cosas.

Al terminar se retiraron de la habitación, sin despedidas, ni aplausos, de forma tranquila y reposada. Y dejaron varios minutos de pausa al espectador para regresar al planeta tierra, bienvenido al hotel abba, es sábado por la tarde, qué vas a desear, pues si pudiera, entre mil deseos, no estaría nada mal, tener una banda sonora perpetua, que te canten en la siesta, que te sosegen y aclimaten. ¡Viva la habitación 120!