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Anticrónica

El negro sí puede

El Palacio de Congresos fue la sede de la noche internacional de Periferias.

Periferias, día 9. Seguimos tratando de conocer aquello que integra el concepto Black del Festival. La noche del sábado se celebró la Black Music, Big Music, un acercamiento a las propuestas nacionales e internacionales más próximas a la cultura negra. No hay que olvidar que los negros son los grandes rechazados de este mundo, se les estigmatizó y les prohibieron la mayor parte de expresiones humanas salvo la música, la cual utilizaron para canalizar todos sus sentimientos de rechazo. Eso provoca que su música sea más poderosa y en ocasiones esté fuera de toda norma.

Pero bueno, estamos en un festival de música y como en todo buen festival, lo que más cuesta es arrancar, el público suele ser perezoso. Javi P3z, el primer artista en subirse al escenario de la sala polivalente sabe de lo que hablo, la gente tardó en acudir y su set, interpretando canciones de negros en español, de Machín a Basilio pasando por Nat King Cole, hizo algo parecido, de menos a más, hasta terminar en todo lo alto. En varios temas salió de invitado el gran Justo Bagüeste con su saxofón. Un concierto muy correcto, perfecto como dijo el propio P3z para que bailasen todas las edades.

La afluencia de público continuó en la línea minimal durante los diez primeros minutos del concierto de John Grvy. Con una puesta en escena agresiva y cuidada, dio rienda suelta a pliegues de electrónica en los que aprovechó para realizar pequeñas coreografías por el escenario, una pequeña ceremonia del auto erotismo. Trató de contactar con el público en todo momento y lo llegó a conseguir, en buena parte de su concierto la sala estuvo llena de gente.

Entre concierto y concierto estuvo DJ Pendejo, que dio una lección sobre cómo mantener la fiesta activa en todo momento; mientras había gente que se iba a la sala del auditorio para presenciar el concierto de Toumani Diabaté, él seguía a lo suyo con mushups, electrónica y muchas ganas de juerga, bravo por él.

Pero aún quedaba noche, así que DJ / Rupture, en un horario extraño, con gran parte del público en la otra sala, permaneció impasible y se dedicó a obligar a bailar a los pocos presentes a base de cumbia mexicana, pequeñas píldoras de un nuevo movimiento que está surgiendo en Nueva York, un ejemplo fue su final, una versión en esa línea del archifamoso Antes muerta que sencilla. Fue una gozada pero también visto y no visto. En otro horario habría triunfado de forma exagerada.

Tras él, tocó bailar a ritmo mandinga con Nakany Kanté, que realizó una excelente muestra de la música tradicional de su país, Guinea Conakry, pero realizada con instrumentos típicamente pop, guitarras eléctricas, batería y una coreografía para incitar a la fiesta, mensaje que caló hondo entre el numeroso público que salía del auditorio, comenzaron a moverse en ritmos negroides, disfrutando como pocas veces al año se puede en esta ciudad. Por momentos daba la sensación de estar en Pirineos Sur, pero no, céntrate, era Festival Periferias, había negros en el público.

Por cierto, lo que más llamaba la atención del siguiente artista es que no era negro. Claro, en un festival con temática Black uno se espera que el 99 % de los artistas sean negros, pero El Coleta es una rareza, un tipo que conoce el rechazo de la comunidad rapera con su propuesta macarra pero que merece todos los elogios del mundo. Su concierto quizá no estuvo a altura de lo que uno se esperaba, pero aún así, con sus dos colegas de Moratalaz y ese factor kinki consigue ganar el corazón de la gente. Defensor del rollo y antimovida, el coleta fue introducido en el escenario por dos personas disfrazadas de guardia civil, ese es El Coleta.

Lo siguiente fue un alucinante combo de proyecciones, danza y rap, formado por Mikl Mtchl & Food4art, un bello ataque a los sentidos, que a pesar de las horas en las que ya mandaba el cansancio físico, uno pudo disfrutar de su perfecto flow y la entrega de energía que no bajó en ningún momento. Si no te quedabas cautivado con el estilismo era con los bailes, una propuesta que encajaría perfectamente en cualquier macrofestival del país.

Para terminar, DJ Marfox que se la jugó con su set de electrónica y kuduro, forzando al público a perpetuar el baile como modo de pasar la noche, le salió bien la jugada, reservando esa versión minimal, la batida, para que la gente continuase en trance hasta que encendieron las luces del Palacio. Ahora échale un ojo a la crónica de los conciertos de la zona del auditorio, que estuvieron tan bien o mejor que estos. Para el sábado queda el Bleep! y despedida al sant… perdón, el fashion show. ¡Viva la negritud!