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Los sueños son posibles

El domingo fue un día especial, el salón de actos del matadero esperaba a Pablo Guerrero. El poeta, el cantautor, figura emblemática de la música española. La banda musical que le acompaña, y de manera perfecta, fue la encargada de abrir el concierto. En un silencio sepulcral fueron dando los últimos toques de afinación a los instrumentos mientras aparecía Pablo. Iniciaron con “Agua de tus manos”, un tema que aúna los momentos recitados de voz con aquellos de mayor cante. “Luego bebía de tus manos”. Un contrabajo, dos guitarras eléctricas y un trompetista fueron envolviendo sus palabras. Al terminar dio las gracias al público por acudir y siguió sin prisa pero sin pausa con la actuación, era el turno de “nana estival para acunar a un amor”, Pablo empezaba a sonreír mientras soltaba sus frases, a menudo barrocas, otras sencillas, siempre demostrando su gran capacidad lingüística, su gran gusto y su técnica. Su voz cavernosa proclamaba “te quiero donde creces más oscura”. En “Noche adentro”, surgió un pequeño ritmo de baile para decir “hacia África vuelan aves y yo en tu cintura”. Casi siempre hablando del amor, que en definitiva es lo que cura. Aprovechó para tocar una canción de los noventa “Sueños”, sí, “los sueños son posibles y viven más que tu vida”, con un pequeño tono jocoso dentro de este tema que lo acercó al mundo Krahe, aunque esté más cerca del registro Cohen, por estética y lírica. Se fueron los guitarras y el trompeta, era el momento de recitar, sacó un libro con sus poemas y leyó “un camino de estrellas” sobre una base de contrabajo, así, al terminar, aprovechó para presentar al instrumentista, Cristian Pérez. Después, otro poema, pero con el trompetista, Santi Vallejo. Y ya con toda la formación atacaron de nuevo el set musical, con un ritmo más sureño, “aguja de cristal, canto desnudo”. También interpretó uno de sus clásicos, una canción de hace cuarenta años, que relata la historia de una chica y la guerra del Vietnam, “Dulce muchacha triste”. Con el guitarrista Luis Mendo interpretó uno de los temas más emotivos de la noche “Luna Lucía”, distancia de Luna, en el cual demostró que su registró vocal a pesar de estar afectado por el paso del tiempo cumple sobradamente, interpreta y emociona. Las sentencias de Pablo seguían removiendo todo el salón de actos “Te respiro y descanso a tu lado, a través de tu cuerpo me siento al universo unido”. Leyó dos poemas más, esta vez con los dos guitarras, primero con Nacho Sáez de Tejada y el otro con Luis Mendo, ya había presentado a toda la banda a base de versos, era el momento de pensar en la retirada. Y se empezaron a despedir con “plata”, un ligero ritmo de maracas presidió la canción, “plata luna de plata, blanca piel de plata”, y aprovechó para volver a presentar a la banda pero ya con todos juntos y en medio de una canción. Una banda experimentada y mítica que hizo las delicias del público, impecables. Retirada entre aplausos que obligó a que hicieran un bis de dos canciones, la primera de ellas “Sueños sencillos”, “diré que toqué tu frente cuando estabas dormida”. Y el gran final con “A cantaros”, la canción que da nombre al ciclo de cantautores y que está más vigente que nunca, a pesar de tener más de cuarenta años de vida. La gente terminó cantando. “Estamos hechos de nubes pero quién nos ata”. En medio de una gran ovación Pablo Guerrero se acercó al micro para volver a dar, una vez más, las gracias y retirarse. “Hay que doler de la vida hasta querer”.