Mézclate contigo
Un año más, Periferias ha traído los mejores eventos culturales a la ciudad. En un formato que ha regresado a la duración de dos fines de semana, tras dos años en los que se redujo a uno. Parte de culpa de este alargamiento la tiene el la sección Park In Progress, proyecto vinculado al vivero de artistas europeo pépinière. Dentro de esta iniciativa, y como delicatessen final, el domingo actuaron François Chaignaud y Daniel Zapico en un espectáculo dirigido por Nino Laisné.
Tuvo lugar en la sala Petronila del Museo de Huesca en la cual realizaron tres pases, cada uno de una media hora de duración y todos ellos a rebosar de público. Danza e historia musical. El espectáculo estaba concebido bajo la investigación de la canción de origen sefardí La Tarara, la cual ha ido evolucionando y derivando en distintas versiones y letras.
En algunas de las cuales se puede intuir un cierto transformismo, frases como “tiene la tarara unos grandes rizos que parecen suyos pero son postizos” o “tiene la tarara un dedito malo que no se lo cura ningún cirujano”.
La caracterización de François Chaignaud se basó en ello, en esta realidad oculta, ese drama, travestido de arriba abajo. Además, para ayudar a la ensoñación iniciaron el espectáculo completamente a oscuras, fueron subiendo poco a poco el nivel de luz y al fondo de la sala aparecía François, pero en los primeros instantes estaba la duda, es un hombre, es una mujer… era un desgarro y como tal fue arrastrándose y tropezando por el pasillo que se formó en medio de la sala con los espectadores sentados en los laterales.
Habría que decir también que dentro de los contoneos, saltos y requiebros que hizo el gran bailarín, no dejó de cantar, y lo mejor de todo, no falló en ningún tono ni texto. Con el cuerpo totalmente doblado, en una perfecta “L”, la boca mirando al techo y la voz inundando la sala Petronila. Otro dato más, iba con unos zapatos de tacón de más de diez centímetros, casi nada. Y lo dicho, un control absoluto sobre el cuerpo y la voz.
La melodía musical, introducida con extrema delicadeza y sabiendo donde aparecer y retirarse, estuvo igual de controlada y profesional. Un espectáculo para terminar de manera inmejorable este Periferias que poco a tenido de Fake salvo el título de la edición. Aplauso lento. Ahora toca regresar a la rutina, si es que eso es posible todavía.