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Crónica

Un mutante arrasa Huesca

La actuación arrancó en caída libre desde el minuto uno. Ignatius salió al escenario y uno de los asistentes le grito: “¡Sácate un pecho!”. Eso provocó el desbordamiento del monologuista que atacó frontalmente al espectador. “¿Es eso lo que quieres?” Le espetó. Cuando el instante parecía enfriarse otra chica del público le repitió la misma consigna. Cuatro gritos mas e Ignatius se había quitado la camiseta. Vale, tened en cuenta que vamos por el minuto dos y el artista ya está descamisado. Y la actuación duró dos horas. Pero bueno, sigamos.

Ya sin camiseta se bajó al patio de butacas desde donde realizó el resto de show.

Otro espontaneo le soltó un “¿pero cuándo empiezas?” Eso provocó un nuevo ataque de Ignatius.

Acción/Reacción. Así parece funcionar el mecanismo de humor de Ignatius. Observa el panorama y cuando ve algo que sobresale, un mínimo gesto de empatía, va a por él y lo exprime, haciendo que a veces el exprimido se sienta molesto. Según palabras del propio Ignatius “espero la ola y vendo fe”. En cualquier caso la sensación general del público es de risa continua, dolor de mandíbula.

“Claro, como estáis en un teatro aplaudís cualquier chorrada, tenéis que aprovechar el dinero de la entrada”. Dijo esa frase y observó, uno de primera fila le comentó que hasta ese momento llevaba cuatro euros recuperados de la entrada. Cuatro euros de diez. Ese chaval se convirtió en su punto de apoyo para salir de gran parte de gags, se generó una relación cordial.

Confesó que su grito sordo está en plena decadencia, lleva mas de diez años haciéndolo, pero aun así hay gente que sonríe, por esa gente lo realiza y por esa gente sigue así. El grito sordo es el cemento de su actuación.

Mirada psicokiller al chico de primera fila para pedirle un deseo “Chúpame un pezón”. Esa propuesta generó una tensión dramática en el resto de espectadores, ¿se lo chupará, no se lo chupará? Allright. A otra cosa. Su propósito era aumentar lo patético, ponerse a la altura de la situación, ya que si la moral, la política y casi todo está hecha una mierda, él quiere hacer lo mismo con la comedia. ¿Os acordáis de lo de wikileaks? Un espectador quizá jocoso o despistado no sabía qué era eso de wikileaks, eso hizo que Ignatius se pusiese serio (sí) y con un tono paternalista se lo resumiese, para después iniciar un delirante gag entorno a un padre y una hija, la cual (la hija) le preguntaba al padre por lo de wikileaks y tras un rato de conversación ella le proponía hacer el amor para olvidar la idea de la muerte.

Escatología, morbo, ataques directos a una pareja de novios que estaban en segunda fila… Hay que ir preparado a un show de Ignatius. Paró un segundo y grito: Todos los casos de eutanasia son de gente que lo pasa mal. Y te ves riéndote. Y te dices, madre de dios, qué jodido tengo que estar para reírme de esto. Después contó una anécdota apócrifa de Juan Echanove en la cual el actor declaraba que él nunca será un pederasta. Estaría bien que la anécdota tomase vida propia, como la de Ricky Martin y el perro.

Propuso que los hombres en vez de darse la mano al saludarse se chupen las pollas. Estábamos en los bajos fondos del humor y todo el mundo se estaba riendo. Enumeró a los chavales de primera fila “uno, dos, tres.. seis” y se le puso una sonrisa diabólica. “La próxima vez que os vayáis a saludar, no os chupareis las pollas, pero dudareis”. Siguió con una historia de amor entre Russian Red y un poligonero. Y atención, consiguió chuparle los pezones a su pequeño discípulo, le puso en pie, le desabotono la camisa y atacó su objetivo. Parecía la cumbre del show, pero no. Uno de los de primera fila había sacado el móvil para inmortalizar el momento pezón, al terminar, Ignatius observó una cámara profesional a pocos metros de distancia, “Tú no te conformas con una cámara normal, ¿no?”. Fue hacia esa persona directo. El cámara no dejó de grabar. “Eres misterioso” Le dijo Ignatius, seguido de un “este hombre aparece por la noches con su cámara en diversos lugares y desaparece, en EEUU le conocen como Batman, en España puto loco”. De nuevo risas generalizadas. “¿Tiene audio la cámara?” Y al recibir una respuesta afirmativa se soltó un pedo de proporciones bíblicas. Por la sonoridad quizá fue un pedo pintor. Sonoridad y olor. “Batman, yo también tengo superpoderes”. Lo justifico como un homenaje a los padres de la comedia.

El momento de terminar generó un poco de confusión pues se pegó un cuarto de hora diciendo que la actuación había terminado. Todo por la industria del espectáculo. Somos gente, estamos vivos y no nos estamos enterando ni de la mitad de las cosas que pasan. Gran y extensa actuación que quizá marcó el cenit de este año del festival Periferias.