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Música en vivo

Periferias al rescate

Vale vale vale vale, esto que tú sientes ahora tiene un nombre, se llama: jet lag social. No sabes con precisión en que momento del fin de semana estás, ¿verdad?

Y encima han peatonalizado el coso y te sientes un poco como en San Lorenzo. Es lo que tiene Periferias. El viernes fue uno de los días gordos, plagado de eventos aquí y allá. En la plaza de toros se celebraba el Bleep!, autentico pulsómetro del panorama musical aragonés. La plaza de toros con carpa y además para acceder a ella tenías que cruzar mediante dos tablones una zona inundada. El acceso al castillo. O como diría el primero de los grupos que actuó “Bienvenidos a la fábrica”. Ese grupo era Mil Motivos, formación de rap zaragozana que inició el Bleep! con una señal de bombardeo. La gente aún estaba perezosa y fue llegando con cuentagotas. Se perdieron a está banda reivindicativa, enfrentada al mundo industrial. Un mc y tres voces que controlan la cadencia exquisitamente. Su breve pero impecable actuación la despidieron con un ritmo reagge para incitar al público a los primeros bailes.

Era el turno de Dotes Líricas, también un grupo de rap, pero con distinto fraseo y letras mas complejas, que se enfocaban mas en el infierno personal que en el social. Tres voces que iban rotando, formación de tridente. Pusieron especial énfasis en el bombo.

En la zona de abajo los platos esperaban a Emceemismado, dj que amenizó a la perfección los interludios entre banda y banda. Desde Quijote y Sancho, pasando por Rocky. El nivel de cachondeo y ganas de fiesta estaba subiendo.

Entonces salieron al escenario Cerdo Agridulce, banda oscense de reciente creación. Su voz principal apareció con una careta del animal que da nombre al grupo e iniciaron el show. Un estilo entre el funk y el rock. Reminiscencias a Rage against the machine y Red hot chili peppers. Empezaba la torsión de la noche, la gente empezaba a llenar la carpa, a realizar bailes locos. El sonido compacto, sin fallos y con cadencias locas invitaba a ello.

Del trash metal al rap mas convencional. Apuntan alto.

Cambio de banda y a los diez minutos cinco personas estaban en el escenario ofreciendo uno de los platos fuertes de la noche. Actuaba Bigott y se notaba en el ambiente. Metió en vereda al público. Una introducción instrumental que te hacía recordar el rock de los setenta. Hasta destellos de la Velvet Underground. Bigott como perfecto crooner se meneó como nunca, casi se le oía crujir, estaba arropado por su banda, una banda extremadamente profesional. Efectos, sintetizadores, bajo y batería. Le veías torsionarse y te daban ganas de, al menos, intentarlo. Fue un maestro de ceremonias perfecto. Y una tras otra fue repartiendo sus temas que ofrecen esa amalgama de estilos que acaba derivando en una sonoridad propia. Algo calentito. Cannibal dinner, quizá su tema de mayor impacto social provocó el primer momento festival de la noche, toda la carpa bailando al mismo ritmo. Y ya no se paró. Un último tema casi improvisado, genial y nuevo cambio de banda. Dejaron el listón bastante alto.

Y con la noche a punto de romperse Hillbilly Mongows hicieron acto de presencia. Banda de versiones en clave de bluegrass y folk tradicional. Todo en clave de humor. Uniformados como los hijos del sol. Un banjo y cuatro personas alrededor, en un enfoque sureño del folk. Sureño de EEUU. Reunidos en el centro del escenario, formación en bloque, comunal, canciones que invitan a beber. Versiónes de Beyoncé, The Doors, Kiss, Grease… hasta los Bee Gees. Todo ello pasado por el filtro del banjo y la mandolina.

Lo que es y hace el banjo eh. Técnicamente impecables, falto comunicación con el público, que seguía en órbita y exigía mas desbarre. El cual apareció. El siguiente grupo en actuar fue Will Spector y Los Fatus. Venían a presentar su primer disco, el tan esperado y contundente Bicáberut. Menos gamberros que en otras ocasiones pero igual de efectivos, un grupo que sobrevive a los problemas de sonido y a los tsunamis a base actitud. Su panderetista, autentica alma central del cortocircuito fatu se lanzó al público con barca y a lo loco. Sí, una barca hinchable que agarró la gente para ofrecérsela de plataforma de aterrizaje. Uno tras otro fueron atacando los temas conocidos por casi todos, pogo aquí, pogo allá, maquíllate, maquíllate. La gente empezaba a acusar el cansancio de la noche pero ofreció una tregua durante su actuación. Tras ellos, la zona cero, la calma. Y también la gran sorpresa de la noche, Galimatías. Un proyecto en solitario basado en la electrónica y samples de voz. Una estética fina y elegante, rozando la psicodelia. Proyecciones que casaban y se comprometían sin renuncia con la música. Y unos ritmos que aún siendo las cuatro de la mañana y habiendo dicho “no, ya no bailo, que mañana también hay jaleo”. Pues habiendo dicho eso acababas bailando.

Así y lentamente la gente se fue retirando de la carpa, algunos a sus casas, otros puede que también, pensando en el cambio de hora, geolocalizandose con los moviles y esperando el día siguiente, aún queda Periferias, esto solo ha sido una pequeña cata. Volveremos.