Afonía del nuevo mundo
Vivimos en una época de recortes, ajustes, reajustes y todo tipo de tendencias a la baja. Y lo peor de todo es que nos estamos acostumbrando a ello. Por ello nunca está de más que alguien venga a reivindicar un poco de acción con ayuda de su música, letras y actitud.
Eso fue lo que hizo el jueves Chico Ocaña, antiguo líder de Mártires del Compás, en el Centro Cultural del Matadero de Huesca. Con una formación de cuarteto, cajón flamenco y percusiones, guitarra flamenca, otra eléctrica y la voz del propio Chico Ocaña, se presentaron en el salón de actos para mostrar las canciones que conforman su segunda referencia en solitario, titulada “De piedra”. Apoyándose en críticas sociales, tanto a los aparatos electrónicos, como modos de vivir, y dándole un doble sentido, ampliando esas críticas a reivindicaciones necesarias, como los desahucios o la corrupción, ese es el cóctel Chico Ocaña, pero siempre macerado con grandes dosis de guasa.
Musicalmente impecable, la banda no tuvo ningún pero y estuvo en todo momento soberbia, destacando especialmente el guitarra flamenco, con el que Chico Ocaña interpretó a solas varias canciones del set, unos tangos con los que dio punto y final al concierto de manera formal, aunque como en casi todos los conciertos, tuvo que volver a salir para interpretar un bis compuesto por “Costillitas de amor” y el hit “Transparente”. Dentro del gran y extenso espectáculo que ofreció Chico Ocaña el jueves (más de dos horas de duración) habría que destacar un hecho que fue notorio, la voz limitada, poco definida, del propio cantante, que estuvo continuamente jugando con el filo de la navaja y que en algún momento llegó a cortarse. Una especie de afonía que conllevó a que la experiencia no fuese total. Será también un asunto de los recortes. Pero no por ello fue un concierto menor, al contrario, pues Ocaña en ningún momento se achantó, reconoció que en cada concierto lo intentaban hacer lo mejor posible y que estaba encantado de estar en Huesca por primera vez, aunque este último detalle no era cierto y parte del público se lo comunicó durante el bis, él ya había estado en la ciudad hace años con su antigua banda, Mártires del Compás, en una actuación en la sala Jai Alai, pero no lo recordaba. Ay, ese Jai Alai…
Chiste por aquí, chiste por allá, buenas dosis de flamenco y una gran comunicación con el público. Entre paseo y paseo por el escenario, la manera de andar y el humor casi se le podía rebautizar como Chiquito Ocaña. Interpretó completo su nuevo disco pero también incluyó piezas del primero como “Con los 30 metros”, canción que fue de las más ovacionadas de todo el concierto y que inició los primeros bailes por los laterales del patio de butacas, y algunas de la etapa Mártires como “Chu Lailo La Leilo”. Le dedicó la canción “La fruta” al recientemente fallecido Paco de Lucía y a mitad de concierto se fue apoyando cada vez más en el público para realizar los coros de las canciones, jugada que le salió muy bien. Cada vez más palmas y ovaciones. Chico Ocaña arrasó entre el personal, seguro que vuelve a la ciudad por segunda vez, al menos en solitario.