Canciones para el fin del mundo
Las canciones de Dorian Wood tienen un punto melodramático muy intenso.
Son pequeños exorcismos, bandas sonoras para salir adelante de momentos duros en esta vida loca, o como dijo el propio Dorian, canciones para el fin del mundo, añadiendo que este apocalipsis ocurre más a menudo de lo que creemos, ya sea en forma de trauma, aparición, desaparición o lo que sea.
Luego ya cada uno procesa esas emociones y las saca en forma de canción para que el resto del mundo disfrute y sea trasladado a esa sensación.
Porque lo principal de Dorian Wood son las canciones, siendo un dato casi insignificante tras ver su concierto el pasado sábado en el C.C. Matadero, ya que posiblemente cada asistente sacara su propia conclusión. Y es que había demasiadas motivaciones para quedarse atrapado, la corista, el contrabajo, la voz de Dorian, los cambios de ritmo del batería…
Y luego, para rematar todo el convite, estaba la simpatía del propio Dorian Wood, aspecto con el que terminó de conquistar a los últimos indecisos.
Una gozada de principio a fin. El numeroso público, más de media entrada del patio de butacas del Matadero, se dio cuenta de este hecho y llegó a haber hasta dos bises tras el concierto oficial.
Fueron muchos los instantes emocionantes del show, desde el intercambio de voces entre Dorian y su corista/acordeonista en ‘Glasellalia’, tema que puso los pelos de punto a la mayor parte del público, hasta la doble versión de su tema en español ‘La cara infinita’, al principio del concierto la interpretó de manera muy cercana a la versión grabada en su disco ‘Rattle Rattle’ y en el primer bis la tocó en un medio tempo, menos marchosa por decirlo de alguna manera, pero muchísimo más emotiva.
Es un hecho chocante que la canción con un ritmo más bailable fuese la española porque el resto de temas, algunos con puntos de intensidad mayores, tenían un punto melodramático, casi narcótico.
Una sensación de eterna caída acompañada por la gran voz de Dorian. Muchas personas podrían hacer una comparación del artista con Antony and the Johnsons, quizá haya conexiones para realizarla, el piano, la voz, la homosexualidad, la melancolía, pero bueno, las canciones de Dorian Wood tienen un punto más experimental, tampoco es que sea una experimentación apabullante, pero eso le distingue, eso y el punto latino. Pero el enorme sonido, que abrazó todo el patio de butacas, eso no se puede comparar con nada, te ibas por cualquier sitio al cerrar los ojos.
Y es que si la voz de Dorian es buena, la de su corista era tremenda, nada sobró en este concierto y nada faltó.
Hizo un repaso a sus tres discos publicados hasta la fecha, haciendo más hincapié, lógico, en el último. Pero las canciones de su primer disco ‘Bolka’, que según comentó el propio Dorian significa Dolor en bulgaro, fueron tanto o más de intensas que las nuevas, y no chocaban entre si al mezclar el repertorio. Con el pelo afectado por el viento aragonés, Dorian Wood se marcó un conciertazo que posiblemente será recordado durante bastante tiempo.
En mitad de una ovación se retiraron del escenario, había sido toda una experiencia, aspecto que el propio músico también destacó, diciendo que toda la gira española estaba siendo tremendamente especial. Nada de victoria a los puntos, noqueó a todo el mundo sin contemplaciones. Todo un privilegio que haya conciertos así en Huesca.