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Reseña

Vivir / aunque

Poco a poco, Olga y Los Ministriles, como hormiguitas, van sumando nuevas capas a su carrera musical. El sábado presentaron su tercer disco en el Centro Cultural del Matadero.

Tras “Zimbrea” y “Mai”, el grupo ya empieza a tener un amplio recorrido en sus espaldas dentro la música folk, pero en esta última grabación han decidido ir un poco más allá, quitarse el pequeño corsé de la tradición para caminar más cerca del pop.

Aunque como buena gente de la tierra, el núcleo de la idea lo han fijado en la comunidad, adaptando textos de poetas aragoneses o con fuerte vínculo, a su repertorio.

Para esta labor han contado con la inestimable ayuda de Gabriel Sopeña tanto en la selección como en la adaptación musical de los textos, el vínculo que tienen con este gran compositor vienen del anterior disco del grupo, al incluir la canción “Mai” como tema principal del disco. Y en cuanto a la adaptación musical de poemas, el propio Sopeña tiene una larga experiencia, ya que ha participado en proyectos de corte similar con artistas como Loquillo, Aute, Miguel Ríos o Carmen París.

Los poetas seleccionados para esta grabación han sido Emilio Pedro Gómez, Ángel Guinda, el malogrado Antonio Pérez Morte, Magdalena Lasala, Adolfo Burriel, José Ignacio Ciordia (también recientemente fallecido), José Martí (el caso más curioso de todos, pues ni es contemporáneo ni de Aragón), el propio Gabriel Sopeña, Mauricio Aznar, Octavio Gómez Milián y Antón Castro.

En ese orden, uno tras otro fueron desfilando sus letras por el patio de butacas del Centro Cultural del Matadero, que estaba a rebosar, se había generado mucha expectación con la puesta de largo de este nuevo y estimulante trabajo de la banda.

La primera canción, con texto de Emilio Pedro Gómez, fue la que da título al disco “Es a veces amar”, que musicalmente se iba por los caminos del folk rock americano. Y así estuvimos casi todo el concierto, del country al western, aunque siempre manteniendo el toque autóctono gracias al acordeón y las flautas, así que tranquilidad, como bien dijeron ellos, no han abandonado el folk tradicional aragonés.

Al jugar en casa tenían los aplausos ganados pero aún así lo dieron todo, agradeciendo el apoyo popular, los nueve músicos que estuvieron encima del escenario lo hicieron de manera impecable.

La canción de Ángel Guinda “Vivir / Aunque” puede que contenga los versos más emotivos de este repertorio: “Aunque no tengas quien te escuche habla. Piensa cuando nada tengas que hacer. Si no tienes quien te ame y nadie a quien amar. Ámate tú todavía más. Y vive aunque no tengas nada que vivir”.

De ese hit pasaron al poema “Esperando la alborada” y luego al poema erótico vampírico aragonés de Magdalena Lasala. Cuando llegaron al turno de José Martí, Olga Orús, la cantante y maestra de ceremonias de la noche, explicó que el poeta estuvo estudiando en Aragón y que debido a ello le dedicó varios versos, “Si quiere un tonto saber por qué lo tengo, le digo que allí tuve un buen amigo, que allí quise a una mujer”. Impecable.

La siguiente canción no fue una adaptación lírica como el resto de temas, se trató de una versión del grupo Más Birras “Hay una cruz en el saso”, con letra de Mauricio Aznar, pero para nada desentonó en el conjunto, ya que esas líneas western que le imprimieron siguieron haciendo brillar la noche. Turno de Octavio Gómez Milián y su “Blues del Hermano”, junto al poema de José Ignacio Ciordia fueron, a nivel de letra, los más ajenos a la banda, aspecto que para nada se notó en su faceta musical.

Y es que no es sencillo adentrarse en los textos de otro y reflejarlos de manera propia, por eso, el esfuerzo de Olga y Los Ministriles merece un doble aplauso.

Para terminar el concierto interpretaron el poema de Antón Castro, que a nivel musical tenía arreglos cubanos, un piano y varias trompetas, que por motivos de agenda de los músicos, tuvieron que llevarlos enlatados.

Tras esto tuvieron que interpretar un bis de cuatro canciones, las dos primeras fueron las que dan título a sus dos primeros discos y otras dos también enclavadas en su estilo puro, el folk de tradición. Con esa regresión terminaron de conquistar al entregadisimo público y tuvieron que improvisar una última canción para que todo el mundo marchase a sus casas plenamente satisfecho.