Dos caras de la misma moneda
Cuando uno acude a un concierto ya sabe más o menos lo que va a escuchar. En líneas generales y aún desconociendo el grupo que toque, casi seguro que lo puedas ubicar dentro del pop, la música electrónica, o la clásica.
Y es que cada persona tiene un sonido propio, algo que aunque no quiera, le derivará a un estilo en concreto. Salir del propio esquema es algo muy difícil y representa una gran versatilidad.
Por eso, fue una alegría ver que el pasado lunes la banda Pillars and Tongues se reinventaba tras su show y ofrecía el apoyo instrumental a My name is nobody. Una perfecta simbiosis con dos partes muy diferenciadas, de haber acudido con los ojos cerrados uno habría dicho que hubo una gran cantidad de músicos en el escenario, pero no, la culpa de todo la tuvieron cuatro personas.
El público asistente al Centro Cultural del Matadero, casi en formato familiar, disfrutó de una jornada sorprendente.
Para empezar la velada, como ya he dicho, abrieron Pillars and Tongues, un conjunto de Chicago, formado por Mark Trecka, Beth Remis y Ben Babbitt, con unas melodías poderosas, intensas, que iban acompañadas de bases programadas que aumentaban esa rotundidad. Muy en la onda de Peaking Lights, de hecho, el cantante del grupo, Mark, uso un efecto que aportaba un notorio eco a su voz, llevándole casi a mundos dub, aunque por su tono de voz lo correcto sería calificarle como un Nick Cave del dub.
Aparte del eco, introducía las programaciones, el armonio y multitud de efectos que iba lanzando con un perfecto control de los mismos, algo nada sencillo.
Por si esto fuera poco, las capas de violín, que se mezclaban con las melodías étnicas, casi hindúes, que aportaba el armonio, formaban un colchón magnifico, un somnífero bailable.
Utilizaron unas largas transiciones, larguísimas, entre tema y tema, dando muy pocas concesiones al público de aplaudir o jalear, prefirieron centrarse en las capas de ruidismo mientras preparaban el siguiente bucle con el que iniciar la canción. Muy bien.
En la última canción de su set salió My Name Is Nobody, el artista que actuaba a continuación, para tocar con ellos el bajo, mientras Ben Rabbitt pasó a la batería. Un final que hizo aumentar el punto intenso y casi espiritual de su concierto.
Tocaba un pequeño descanso para hacer el cambio de escenario. Algunos, a pesar del frío salieron a fumar, otros se quedaron dentro para hablar de lo humano y lo divino, “¿Te has fijado que My Name Is Nobody se parece a Errejón?”, “Venga, hombre”.
Al cuarto de hora ya estaba todo listo y salió el artista al escenario con una guitarra azul eléctrico, nada más.
Si media hora antes el patrón de voz se caracterizaba por el cantante de The Bad Seeds, en este caso podríamos ubicarlo en Bill Callahan, en cualquier caso, dos voces graves, rotundas.
Tras el sobrenombre de My Name is nobody se esconde Vicent Dupas y realizó un concierto más ubicado en el formato folk atmosférico.
La primera canción, en la que relató como perdió su corazón en Italia, la interpretó solo y a partir de ahí, los Pillars and Tongues que habían aprovechado para descansar, le acompañaron durante todo el concierto con el formato violín, bajo/batería y teclados.
Un patrón de música más pausado, casi eclesiástico pero ojo, dentro de los cánones de cantautor americano, a pesar de su origen francés.
Dentro de esos instantes calmados uno podía visualizar a Angelo Baladamenti tocando la melodía de Twin Peaks, poco a poco fueron subiendo el tono y la distorsión, para acabar por todo lo alto y sin dar opción a bises ni nada parecido. Luces encendidas y cada uno a su casa. Pequeñas sorpresas de lunes, grupos que casi seguro darán que hablar.