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Reportaje

Droga no, deporte sí

En la vida hay todo tipo de situaciones. Bueno, ya lo sabrás. Y seguro que tienes una corriente de opinión acerca del ocio nocturno y sus beneficios. Es muy posible que te estés engañando con un muro de pensamientos que tenga como núcleo un “yo nunca nunca”. No lo sé. Pero yo comienzo a pensar que el veneno depende de la dosis. Me introduje en está opinión tras los conciertos del pasado viernes en el 21.

En el actual bar de moda actuaban Fominder y Will Spector y Los Fatus, un doble programa conmemorando el día del trabajo.

Arrancó la noche Fominder, una banda zaragozana con multitud de referencias a los años noventa, tanto en la estética como en las composiciones. Una mezcolanza de melodías de aquel primer indie aparecían en la cabeza con temas como “El club” o “La suerte”. Realizaron un concierto de menos a más que finalizaron de manera oficial con “La batalla”, pero que debido al pico de tensión que habían provocado sobre el público tuvieron que interpretar una canción más.

Tras ellos, el típico cambio de instrumentos para preparar la actuación de Will Spector y Los Fatus. La banda jugaba en casa y sigue contando con multitud de militantes entregados a la causa. Eso conlleva que desde el primer tema, las tres primeras filas del bar estuviesen bailando todos los temas del concierto sin interrupción. Comenzaron su actuación con “Mutando”, un registro electrónico en el que van reflexionando sobre el avance de la edad, mostrando perplejidad sobre el mismo proceso. No hubo fallos, ni parones, nada raro. Lo digo porque últimamente, a pesar de ser una banda nacida para actuar en salas pequeñas techos bajos, parecía que tenían una especie de mal de ojo con la sala. En esta ocasión no sucedió nada de ello.

Tocaron uno de sus nuevos himnos, “Espejo”, en el que incorporaron un pad digital, continuando con las reminiscencias a LCD Soundsystem. Ofrecieron una versión del tema más animada que la registrada en su maravilloso “Arriba de bien”, pero claro, es posible que la resaca ayudase. No en vano, se encuentran en una minigira fatu y el viernes era el segundo día de la misma. Al término de la canción y en plena efervescencia, Guillermo Bruno, dictador y terrateniente de los fatus, proclamó la frase: droga no, deporte sí. Un guiño, una broma interna a su descontrol, pero lo cierto es que con dos banderillas en el cuerpo ofrecieron uno de sus mejores conciertos. El mejor con la actual formación.

Pero no todo son bromas en la banda, también son tipos nostálgicos y por ello dedicaron “Vas a volver” a su panderetista Eugenio Ramo que se autoexilió de la banda con la promesa de regresar. En todos los conciertos se dedican canciones pero quiero manifestar de forma clara que comparto el mismo deseo que Los Fatus. Eugenio, vuelve. Que los chavales lo hacen de puta madre y han hecho un discazo, eres la guinda del pastel. Soy capaz de abrirte un change.org. Sigamos con la crónica. Terminaron el tema de forma planeadora, ofreciendo unas frecuencias musicales casi insólitas en el mundo fatu. Mucha gustera observar que un grupo mantenga activa la capacidad de sorpresa. Claro, tocaron la jota, es una de los momentos casi exigidos por sus incondicionales.

Pero siguiendo con el registro de amabilidad e incomodidad en el cual tan bien se mueven estos chavales dedicaron “Bill Murray” a todos los hijos de puta del mundo. Tal cual. Ahí queda eso. Hubo bajada al público de Charliebot en “A tus pies” y parece que ya ha registrado una nueva rutina fatu.

Cerraron la noche con “Fumar M”. Una sesión en la que se mezcló la pausa y el salvajismo de forma más que adecuada. Esperemos que sigan conservando este aura a lo largo de su gira. Recemos por ellos.