Volver a la hemeroteca
Directo

Melancolía regeneradora

El miércoles sobre las diez y media de la noche mucha gente pudo sentirse más o menos triste, decepcionada. Los sentimientos colectivos son difíciles de controlar y predecir. Menos mal que tenemos pequeños placeres para redimirnos individualmente como la cultura.

A través de ella, en este caso de la música, una persona puede purgar los excesos del día o ahondar aún más en ellos. Desconozco el motivo, pero es habitual ponerse música melancólica en las fases menos alegres de la vida, una especie de autocastigo, así que si alguna persona sufrió por la derrota futbolera del miércoles pudo elevarse en el Centro Cultural Matadero, aunque sospecho que deporte y cultura son mundos casi incompatibles.

Era una noche con programa doble, una tendencia a la que nos están mal acostumbrando últimamente en el Matadero, mismos precios, doble sensación musical, todo un acierto.

Inició el concierto La Familia del Árbol, un proyecto entroncado dentro del folk indie patrio pero con una personalidad y lenguaje propios que le aleja de ese mundo endogámico.

Su nuevo disco “Odisea” verá a la luz a lo largo de esta primavera e interpretaron “Olas”, que pertenece a esa grabación. Con un formato de guitarra acústica y voz, acompañado de un músico que hacía las veces de guitarra eléctrica, coros y pequeños arreglos de sintetizador.

Todo muy delicado, teniendo como objetivo el preciosismo interpretativo y la catarsis melancólica. Las letras, por momentos interesantes, caían con cierta frecuencia en temas y lugares comunes, aunque no molestaban con semejantes estructuras armónicas y la gran voz de su cantante, un tono agudo portentoso que parecía transmitir la nostalgia de parte de sus letras. Temáticas melancólicas y con ciertas dudas existenciales.

Un conjunto bello, perfecto para iniciar la noche musical. El concierto terminó con el cantante, con su guitarra desenchufada, al borde del escenario, interpretando él solo “La montaña y el río”, uno de sus hits y que al parecer tienen como tradición tocarla de esta forma en sus conciertos.

Tras esta purga de sentimientos encontrados y melancolía tocaba la catarsis folk de Ólöf Arnalds, que llegaba con la estela de haber sido componente del mítico grupo de indietrónica múm, así como colaboradora de Björk.

Iba acompañada de un portentoso guitarra, que tan pronto reproducía frecuencias cercanas a instrumentos como la marimba o doblaba a las mil perfecciones la guitarra de Ólöf Arnalds.

Venía a presentar su último disco titulado “Palme”, del que interpretó varios temas como el que abre el disco, “Turtledove”, o el que da título al mismo.

Pero fue tocando temas de toda su carrera, ya que este es su cuarto disco y puede permitirse el lujo de no interpretar al completo su nueva grabación. Así interpretó “Call It What You Want” y “Innundir Skinni”, un tema con recuerdos casi medievales en las líneas de guitarra.

Puedes detectar tonalidades orientales en sus cantos, pero no son otra cosa más que pura defensa de su tierra, Islandia. Lo que propiciaba cierta psicodelia melódica muy agradecida con los acontecimientos de la noche. Subidas y bajada imposibles que se solapaban de forma perfecta sobre los colchones armados por las dos guitarras. Escalas aparte, tanto su voz como sus gestos faciales contienen una expresividad que contagió a todo el público.

Parca en palabras pero muy agradecida, continuó con su repertorio de canciones folk bañadas por esos gorgoritos psicodélicos. Antes de finalizar esta noche de guitarras, con un pequeño bis incluido, interpretó una versión de Caetano Veloso, “María Bethania”, en la que Caetano intenta comunicarse con su hija María mediante la canción, lo cual viene muy bien para recordar que el próximo sábado actúa otro hijo suyo, Moreno Veloso también en el Centro Cultural Matadero. ¡A ver qué excusa pones esta vez!