El cómico roto
Las actuales corrientes sociales impiden, o hacen muy difícil, que en España se produzca un macro fenómeno cultural como fue la venida de Chiquito de la Calzada en los años 90. De un día para otro, resultó una explosión, y modificó el lenguaje de todo el país. Todos llegamos a usar el comorl, pupita y el duodeno.
Ahora todo es más desestructurado, más ofertas, menos conexión, todo más perdido y débil. Y el humor también ha cambiado, se podría decir que la tendencia actual es el humor incómodo, ese al que cuesta llegar, el que te obliga a pensar en cómo has recibido el chiste, lo que se ha venido a conocer como posthumor.
En esta situación Miguel Noguera es el actual Chiquito de la Calzada. Y su actuación del pasado domingo en el Centro Cultural del Matadero fue buena muestra de ello. Gran parte de la gente, al salir de la actuación iba comentando ideas, o proponiendo otras, nuevos planteamientos locos, porque en eso se basa su actuación, en ir soltando ideas desordenadas, sin estructura, forma, ni fondo, una tras otra, hasta que termina la actuación.
Desde una pomada para el picor vaginal, un ladrón paracaidista, o el cambio de idioma en una situación límite. Idea, tras idea, con las que fue demostrando al público, que no paraba de reírse durante la actuación, que tiene una visión torcida de la realidad, distorsionando todo y dándole un nuevo giro, una visión privilegiada. Comenzó el show, o ultrashow, que es como califica a sus actuaciones, con un pequeño número musical con un hilarante diálogo entre un hijo y el espíritu de su padre, una entrada en en seco, como dijo él.
De ahí pasó a una especie de prólogo de la actuación, en la cual hizo un discurso sobre esa famosa exposición hecha con cadáveres humanos los cuales han reconstruido para mostrar al mundo los tendones, vísceras y demás. Una guarrada, pero el tema es que gracias a Miguel Noguera, ese asco se convierte en risa al mostrar a la gente detalles como que todos los cuerpos pertenecen a chinos y todos habían sido delincuentes, la cosa siguió de modo delirante hablando de redención de los cuerpos y de la falta de decisión de estos en su participación en esa gira loca por el mundo.
Llegó a colarse el sonido de una ambulancia que pasó a toda velocidad por la calle, Miguel, en lugar de gritar un “Stop” o algún anglicismo, se sinceró “Vienen a por mí, a por este chalado”. Y continuó con la ristra de ideas, cálices fabricados para llamar a los timbres, oro en el vientre de Cristo, de Cristo vivo eh, ojo, o el concepto de que alguien olvide su propio nombre por un exceso de información.
Visiones perturbadas como encontrar a Mozart y Haydn llorando y dándose apoyo mutuo en una cabaña, la imagen de que los aviones del 11S hubiesen entrado en las torres gemelas en dos tiempos e incluso la posibilidad de que el propio cómico colapsara en medio de la actuación, así es un ultrashow.
He reconocer que en la anterior actuación de Noguera en Huesca, dentro del Festival Periferias, soltó una idea que crujió mi cerebro y aún recuerdo frecuentemente, dijo que cuando pedimos la cuenta en un bar lo pronunciamos a un volumen imperceptible pero lo decimos, creo que la manera de pronunciar y la cadencia de “Apaga y vámonos” y de “José María” va a ser el nuevo hit. Fíjate que siempre se pronuncian mal y está absolutamente aceptado e instaurado.
Una magnífica actuación para el domingo por la tarde, con un pero, y es que salí del show con una sensación cercana al mareo, producto de la risa y la acumulación de ideas. Miguel Noguera, qué bello es usted.