El indie estaba de parranda
Dentro del ajetreo que hubo el pasado fin de semana en la ciudad, el domingo por la tarde hubo un remanso de paz perfecto para echar la vista atrás, reflexionar y valorar todo lo que había pasado. Si alguien se ha llegado a preguntar por el estado del indie a lo largo del fin de semana, quizá habría que decir que no está muerto, que simplemente se encontraba de parranda. Al menos esa fue una de las primeras conclusiones tras finalizar los conciertos. Y es que hubo mucho nivel el pasado domingo por la tarde.
Músicas que podrías escuchar a las tantas de la madrugada en algún desvelo tonto y que te hacen recomponerte e incluso dormir, y dormir bien. Al magma que crearon con esos sonidos, como ya he dicho, se unió la guinda del violín, provocando detalles en las canciones que ayudaban a transportarte a cien mil lugares distintos. Una belleza de concierto. Y aún quedaba el plato fuerte de la velada, Thalia Zedek Band.
En el cambio de escenario se coló el groupie número uno del indie, mi buen amigo Oriol, que estaba más estresado de lo normal y llevaba una bufanda del F. C. Barcelona, claro, no lo recordaba pero a esa hora se disputaba el gran partido de fútbol que seguramente colapsó el país. Aún así hay que destacar la cantidad de público asistente, así que por el fútbol no es. Oriol quería irse, necesitaba ver el arranque del partido, al final le conseguimos hacer entrar en razón diciéndole que el espectáculo iba a merecer la pena y él nos contestó en un estado más cercano al delirio que al stress “el inieste tú, el inieste, quiero ver al inieste”.
Pero no, era el turno de Thalia Zedek Band, grupo liderado, como bien indica su nombre, por Thalia Zedek, a la que acompañan una increíble banda de músicos, desde el pianista, batería, bajo y violín. Una voz cercana a Pattie Smith pero un pelín más apagada, sin tanta floritura pero igual de efectiva y con el mismo efecto de carisma. Además se encargaba de la guitarra, que la tocaba con una técnica cortante que no hacía otra cosa más que aumentar el clímax. Venía a presentar su último disco en solitario “Via”, un surtido de canciones llenas de rabia, pop, al que cualquiera debería darle una oportunidad.
Canciones pop con toques rockeros, todos los detalles musicales interpretados con delicadeza y contundencia. Además, aparte de la genial música, otro detalle a agradecer fue la actitud de todos los músicos, estrellas de andar por casa, sin ningún alarde, demostrando tablas y profesionalidad, generando simpatía.
Hubo un pequeño bis con piano y la guitarra de Thalia, algo delicado después de las progresiones que llegaron a alcanzar, pasamos del rock al pop más cuidado, perfecto para ir aterrizando y volver a la realidad, a la bufanda y al hincha del fútbol. Ronda de aplausos y todos para casa, aunque cuando encendieron las luces del salón de actos Oriol ya no estaba en la sala, la presión futbolera había podido con él, una pena, se perdió una grandísima actuación. Y es que las cosas cuando están bien hechas, bien hechas están.