El lobby de los sulfitos
Los sulfitos son un elemento añadido a gran parte de los vinos actuales. Unos los definen como un conservante y otros los acusan de generar los famosos dolores de cabeza, el caso es que no está clara su función, al menos socialmente, pero forman parte del vino, y a este punto quería llegar, digamos que en esta crónica un servidor se ve a sí mismo como un elemento más del vino, del festival en este caso, ya que estuve integrado en él desde las primeras horas del día, así que si la crónica no es todo lo objetiva que debería, disculpa, pero yo lo voy a intentar.
Arrancaba la segunda edición de Romería y Desengaño casi de la misma forma que el año pasado: El solar de la calle desengaño, el mercado de productos ecológicos, el ambigú gestionado a las mil maravillas por las chicas de Esencia… y el sol, salió una mañana radiante, sin una nube, que hizo temer la corrupción de alguna de las tortillas del concurso que se hizo más tarde, sí, como previa a los conciertos este año hubo un concurso de tortillas de patata, generó bastante expectación, gran número de participantes, calidad y el público ojo avizor.
Después de la entrega de premios llegó la parte musical del festival, empezaba el concierto de Victor Herrero, un cantautor toledano de folk. Sus guitarrazos empezaron a meterse en las frecuencias de los rayos solares, comenzó a sentirse a gusto y como el ambiente del solar era una auténtica fiesta, Victor hizo algo muy inteligente, en lugar de seguir con su repertorio de canciones, agarró su guitarra portuguesa y se puso a improvisar los últimos veinte minutos, chapeau, así consiguió focalizar la atención del público, que aplaudió a rabiar su concierto, su genial improvisación, golpeteos a la guitarra, a la tarima, ritmos infernales, pausas, estaba loco, como poseído, muy pero que muy bien.
Tras él actuaban Vegetal Jam, formación de Zaragoza que realiza canciones propias pero basadas en ritmos tradicionales. Con una gran influencia de Yann Tiersen, al que utilizaron como broma al comienzo del concierto al decir que en origen eran un trío pero que riñeron y Yann se fue a lo suyo. Su acordeón y violonchelo dieron un repaso de rondos, gigas, incluso algún vals que provocó un baile masivo en el solar. Otro de los temas que tuvo más apoyo popular fue “La casa de la calabaza” y se retiraron con “Chindeleta”. Un punto perfecto para terminar los conciertos de la mañana, ahora tocaba la Romería, bajar por el casco antiguo y llegar al Centro Cultural del Matadero para continuar con la fiesta.
Tras una comida con infinidad de teorías de cuerdas sobre los desodorantes, los sulfitos, el porno, alguna jota y conatos de avisos a seguridad, tras este ciclón nos esperaba la puesta de largo de El Cuerpo de Ingenieros, formación creada de propio para ofrecer un homenaje a Pete Seeger, gran pope del folk activista en EEUU, muerto hace pocos meses a los 94 años. Una numerosa banda, saxos, guitarras, banjo, bajo, percusiones… cada miembro proveniente de distintos proyectos (Tuco Requena, Lorena Alvarez, Kiev Cuando Nieva, I.P.D., Tarántula, Mancuso…) pero que sonaron de forma muy compacta y que llegaron a emocionar a todo el público del Matadero, que aún estando el dichoso fútbol de por medio acudió de manera masiva al evento. Conducido y presentado de forma exquisita por Javier Aquilué fueron interpretando uno tras otro los éxitos de Pete Seeger, “If i had a hammer”, “Which side are you on?”… en este tema llegaron a estar ¡cuatro guitarristas en el escenario!. Los puntos más emocionantes del concierto fueron “Guantanamera” y “Si me quieres escribir” en las que las voces de Lorena Álvarez y Sonia Pérez le dieron el toque extra a la formación. Aunque la banda se montó de propio deberían valorar la idea de hacer más conciertos con este formato.
Tras este magma de emociones y entrañabilidad, llegó María Rodés para dar el broche final a la segunda edición de Romería y Desengaño. Su concierto estuvo marcado de una manera clara por la afonía que sufrió un par de horas antes del concierto, debido a la cual tuvo que acudir a urgencias para que la administran cortisona. Así que no pudimos contemplar a María Rodés en su plenitud, pero pudimos ver a la artista que no se descompone en el escenario y aguanta cumpliendo su cometido, y eso es digno de mencionar, además que aún afónica dio un gran concierto, eso sí, fue el concierto menos folk de todo el festival, más indie. Arrancó con “Flor del mal” perteneciente a su nuevo disco de coplas. Su gran instante fue al cantar “Ay pena, penita, pena”, ya que su afonía le dio una interpretación genial a la canción. Y llevó su voz al límite para terminar su concierto con “Tres puñales”. Esperamos y deseamos que vuelva pronto a la ciudad con su voz restablecida.
Y tras esto, amigo mío, espero que ni te duela la cabeza ni me consideres conservador. Ojalá haya una tercera edición.