El ritmo infinito
El pasado domingo se celebró Multikulti, una de las mejores fiestas interculturales de toda la provincia y la que tiene un ambiente más heterogéneo y agradable. Se realizó como viene siendo costumbre en la zona del teatro griego del Parque Miguel Servet de Huesca. En ese espacio se pudo disfrutar de un espectáculo de malabares, juegos infantiles, muestra de distintos productos étnicos y un maravilloso ambiente.
Como guinda final a esta fiesta estaba programado el concierto de Alma Afrobeat Ensemble, una banda de Barcelona que ya avisa de lo que hace en el propio nombre del grupo, sí, esta vez es fácil, su estilo es el afrobeat. El afrobeat nació en los años 70 en Nigeria de la mano de Fela Kuti y sus principios mínimos son ritmos sostenidos, bailables, perfectos para entrar en trance, apoyados de distintos elementos de corte funk para entrar y sacar del cuelgue rítmico. Lo que viene siendo un viajazo.
También habría que destacar y agradecer que haya un concierto de este tipo en Huesca, no es tan común disfrutar de este estilo en la ciudad. Con una banda formada por percusiones, batería, guitarra, bajo y sección de vientos entre los que se encontraba, de manera inusual, un fagot, Alma Afrobeat Ensemble salieron al escenario dispuestos a hacer bailar a todo el público. Y lo consiguieron.
Su cantante, Aaron Feder, es el auténtico líder del grupo y alrededor de él se genera todo el caos rítmico, toda la juerga. Aaron a través del baile o sus fraseos coordina todo el show a su antojo y en algún momento se vio tan a gusto que incluso rapeó por encima del ritmo infinito que le indujo el resto de la banda. Banda compuesta, salvo el propio cantante, por músicos blancos, era fácil visualizar a Ginger Baker, ex batería de Cream, como un pequeño nexo de unión, ya que él también tuvo una revelación en los 70 con el afrobeat y acudió a Nigeria en busca de Fela Kuti y su palabra.
El caso es que se notó que es un estilo de música creada por negros, sobre todo en las cadencias, aunque en varios de los extensos temas lo clavaron, quizá tuvo algo que ver el dedo entablillado del guitarrista, pero eso es teorizar en el aire. Como el frío cada vez estaba siendo más presente Aaron Feder decidió darle más protagonismo a sus bailes y fue animando al público a incorporarse a los mismos. Casi llegó a alcanzar el grado “baile de San Vito”.
Con un teclado diabólico en los cambios de estrofa y los pequeños desajustes de sonido del comienzo solucionados encaminaron el concierto en un continuo aumento y constancia de ritmo. El dedo entablillado volvió a llevar la guitarra a mundos étnicos, a Nigeria y ello derivó en un impás de ritmo con casi todos los integrantes tocando elementos de ritmo, para continuar presentando a la banda y lanzarse al tema de nuevo, genial. Eso ya no se podía parar, el público cada vez estaba más descontrolado y hubo hasta cuatro espontáneos distintos en el escenario para bailar con el grupo.
Al finalizar el concierto, Aaron, el cantante de la banda hizo una apología del trance y el afrobeat, un estilo necesario para disfrutar de la vida, tras este pequeño discurso se arrancaron con el bis, en el que sí, hubo otro espontáneo, otro alma libre. Gran concierto. Y como remate final la banda oscense de percusión montó un set en la zona del público, donde montaron un guateque de antología, les hicieron corrillo, el percusionista de Alma Afrobeat Ensemble se unió a su música y el cantante se puso a bailar con el público. Una perfecta tarde de domingo. ¡Afrobeat!.