El tren de la vida
Este fin de semana me he dado cuenta de que hace falta más amor en Huesca, es algo necesario. Dentro de la vida urbana, con el estrés, las jornadas laborales y ocupaciones para sobrevivir, en ocasiones, es complicado adaptar ese elemento a nosotros. Por eso, quizá, lo insólito, aquello que se va un poco de la norma, nos devuelve un poco a esa fraternidad que todos deseamos.
Con esta introducción tan idílica quiero contar que el domingo se realizó un acto de amor a la vida, una presentación conjunta, por una parte el libro “Declinación” de Isidro Ferrer y Carlos Grassa Toro, y por otra el disco de Justo Bagüeste, “Y todo queda”.
Libros y discos ya se han presentado hasta la saciedad en todos los confines del mundo, pero en esta ocasión y gracias a la gran labor organizativa de la Librería Anónima, tuvo un toque especial, nos reunieron a todos los asistentes en la estación de tren para realizar un viaje a Riglos. Con ese pretexto nos reunimos cincuenta personas a las diez de la mañana, con la expectativa de pasar una jornada distinta. Y lo fue.
Nada más subir al Canfranero, ese tren que parece sacado de la Unión Soviética, todo cambió, hubo reparto de prensa, algo de comida, vino, y en el descansillo entre vagón y vagón fueron colocando un amplificador, varios elementos de percusión, porque uno de los puntos fuertes del día es que iba a realizarse un concierto dentro del propio tren. Otro elemento insólito.
Los implicados en este acto fueron Justo Bagüeste, que tocó el saxofón, Isidro Ferrer, que leyó textos tanto del disco de Justo como de su propio libro, y Nacho Colis, batería de la mítica formación Chatarreros de Sangre y Cielo, y que realizó todo tipo de percusiones.
Eran las once de la mañana y el vino ya pasaba de vagón en vagón mientras los músicos fueron improvisando y adaptándose al público y al terreno móvil del tren. Media hora de concierto, muy ameno y entretenido.
Tras esto, tocaba parada en el apeadero de Riglos y posterior caminata hasta el arbolico, lugar desde el cual arrancó toda esta idea de la excursión, la presentación y la fiesta, un lugar homenaje al artista Jaime Lloro, personaje muy querido en la ciudad, fallecido recientemente y al que todos los implicados en esta presentación quisieron rendir un sentido homenaje. En el arbolico hubo un pequeño convite y después realizamos otra pequeña caminata hasta Arcaz, el centro de interpretación de aves de Riglos, donde se realizaron las presentaciones formales del libro y el disco, aunque decir formal no creo que sea lo correcto en este caso porque fue una carcajada continua.
Desde la verborrea psicodélica de Justo Bagüeste que explicó el origen de su disco «Y todo queda», arrancado por un encargo de Javier Corcobado, dentro de un proyecto de una canción de amor de veinticuatro horas para el cual Justo tuvo media hora asignada y decidió rodearse de artistas y escritores de la ciudad para crear algo conjunto, pequeñas cartas de amor rodeadas de electrónica experimental.
Quedaba la presentación de “Declinación”, salió Isidro Ferrer y recordó a todos el punto de arranque de la idea, la jornada festiva alrededor del arbolico, el viaje en el tren donde el tiempo toma otra dimensión, favorece el diálogo y elimina la tecnología. Después, presentó su libro, en el cual realiza la parte gráfica y Carlos Grassa Toro, el texto, aunque Isidro, lo explicó de una manera muy divertida con un monólogo en el que relató como un día tuvo un cruce de cables y confundió la palabra desatascador con embudo y fue de tienda en tienda en busca del elemento equivocado hasta que finalmente logró la traducción, esa función realiza Carlos en el libro, traduce y da forma al lenguaje visual de Isidro Ferrer.
Carlos Grassa Toro, para romper la tendencia de risas que se estaba generando dijo que estaba cansado de hacer reír y que iba a favorecer la seriedad. Repartió bigotes postizos entre el público, pero de esos que se caen al menor movimiento, la conclusión era que no se podía reír, aunque era algo inevitable. También confesó que el libro en origen iba a llamarse Declaración, ya que su texto habla del amor, pero que por cambios de última hora pasó a llamarse «Declinación».
Tras las presentaciones, una formidable comida en el mismo centro de interpretación, y un posterior regreso a Huesca en el mismo tren que nos había llevado a Riglos. Jornada emotiva, divertida y esperemos que no única, sino el inicio de una nueva tendencia. Enhorabuena, que sucedan más actos así.