La espada como primera opción
Por el titular bien podría desprenderse que esta crónica es una apología de la violencia, y más en los tiempos que corren, parece que todo deba tener una doble lectura, nada más lejos de la realidad. Me explico: La espada es una mítica bicicleta utilizada por Miguel Indurain en los años noventa.
¿Y qué relación guarda ese vehículo con la ciudad de Huesca? Pues resulta que el Ayuntamiento de Huesca, para celebrar la finalización de las obras del Coso, al menos de una parte, decidió invitar el pasado sábado a Miguelón y a su hermano Prudencio para probar las calles de la ciudad con sus bicicletas en un acto conmemorativo. Todo muy bonito, una nueva ciudad, nuevas posibilidades y lo que es más importante, la reivindicación de la bicicleta como vehículo principal. Así que ves, nada de violencia, todo lo contrario, paz y tranquilidad.
Aunque eso sí, hubo un pequeño problema derivado e imprevisto, según parece, cuando la Espada y Miguelón entran en contacto en un plano físico de la realidad, es entonces cuando, no sé sabe si por brujería o un patrocinio comercial, se hace carne en ese instante, Carlos Nuñez, el famoso gaitero.
Pero claro, hasta que sucedió, este hecho entraba dentro de la leyenda, así que los organizadores, cubriéndose las espaldas, contrataron a Los Gaiteros de Tudela para que acompañasen a los campeones en su recorrido por la ciudad. Un pasacalles deportivo celta a las doce de la mañana.
Por eso esta crónica está dentro de la sección musical, sino de qué.
Miguel, sorprendido por la reaparición de Carlos Núñez y un poco escurriendo el bulto para no ser acusado de un contrato oculto o similar, dijo: “esto no me pasaba desde la octava etapa del tour de francia de 1995”.
Prudencio, con un aspecto febril, no paró de decir que tenía dolores por todas las articulaciones del cuerpo, había pasado una noche infernal con problemas de diarrea y presentaba varias erupciones rojizas por los brazos. Aún así, de casta campeona como es, no se achantó, y acudió a la cita.
Los hermanos fueron recibidos por una comitiva de la ciudad, descubrieron una placa en las cuatro esquinas y tras un sorteo, el cual dio la ligera sensación de estar amañado, se resolvió que Miguel recorrería con su Espada la zona del coso que ya está reformada y peatonalizada, mientras que Prudencio haría la ruta por la parte que queda con las aceras levantadas y alguna zanja.
Algo injusto, quizá sí, de hecho abrió la caja de los truenos, el propio Prudencio acusó a su hermano de estar compitiendo con una bicicleta trucada, entró en cólera y pidió que alguien le comunicara con la UCI, que eso era un complot, algo inaudito, doping meccanico. Su débil estado de salud ayudó a que entrase en calma antes de iniciar el recorrido.
Uno de los argumentos principales fue: “Prudencio, sois dos hermanos y tenemos dos Cosos, hay que repartir, no todo va a ser para Miguel”.
Lo que nadie esperaba que cuando Prudencio Indurain posase el culotte en el asiento de su bicicleta iba a aparecer la otra gran estrella de la gaita española: Hevia.
Fue un auténtico shock.
Está claro que la cosa huele más a maldición gitana que a un acuerdo comercial.
El recorrido ciclista estaba a punto de arrancar pero los músicos permanecieron impasibles a este hecho, en las cuatro esquinas, estáticos, se retaron a un gaita-hero, si es que eso es posible. Cuando llevaban más de media hora de esta particular pelea de gallos, pudimos intuir que el objetivo de ambos era controlar a Los Gaiteros de Tudela, que seguían en la Plaza del Mercado interpretando temas populares para todo tipo de públicos, se habían despistado de la ruta cicloturista.
El duelo casi llega a mayores, Hevia dejó su gaita eléctrica, Hevia es un innovador y acusó a Carlos Núñez de copiota, que él había hecho la B.S.O. para la Vuelta Ciclista a España mucho antes que él, a lo que Carlos respondió con un “eso es porque estás viejo, hay que renovarse”.
Por suerte, cuando iban a empezar a darse de guantazos, llegó Miguelón con su Espada tras haber recorrido toda la zona recién reformada, cientos de niños le siguieron con su bicicleta y el campeonísimo llevaba una sonrisa radiante. Habría que destacar que portaba el maillot amarillo del Tour de Francia del año 1991.
En un pequeño podio habilitado para la ocasión Miguel Indurain se subió junto a Hevia y Carlos Núñez, que seguían de morros, bien se vale que se situaron a los lados del campeón. Nuestras queridas mairalesas fueron las encargadas de entregarles una ronda de obsequios, castañas de mazapan, un empanadico, dos pajaritas realizadas en titanio reforzado, una trenza de Almudévar y una botella de chinchimina.
Alabanzas al campeón y ronda de aplausos, fue en ese momento cuando todo el personal se preguntó por Prudencio, el hermanísimo, se inició así una batida en su busca, con grupos de cinco y siete personas recorriendo todas las zanjas y calles levantadas de la ciudad.
Tras casi una hora de búsqueda lograron localizarle caído y descompuesto en una de las zanjas del coso bajo, inmediatamente Miguel se lo cargó a su Espada y acudieron al Hospital San Jorge. Al parecer todo quedó en un susto.
Por su parte, Hevia se dirigió a la estación para volver a su casa, explicó que no entraba en sus planes lo que acababa de ocurrir pero que tampoco se iba a quejar. Y a Carlos Núñez le perdí la pista, imagino que también regresaría a su hogar, pero no me dio tiempo a comprobar el dato.
En cualquier caso, el coso inaugurado en una jornada festiva, ¡nos vemos en el 2015!