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Anticrónica

La gorra sobre la que gira el mundo

La gorra es una prenda de vestir que se usa para proteger la cabeza y por tanto el filtro para poder interpretar de manera correcta el mundo que nos rodea. Su uso aporta cierto estatus social, remarca la personalidad de su portador y en ocasiones también puede generar ciertos debates sociales tales como “¿será calvo?”, “¿tendrá el pelo sucio?”, “¿dónde habrá comprado esa gorra?”.

Sí, Magic Arm, el artista que actuó el pasado martes en el C.C. Matadero lleva gorra y bajo ese filtro ofreció un gran concierto de pop delicado a todos los espectadores que, a pesar del ajetreo cultural de esta semana, no fallaron a la cita.

Bajo el nombre de Magic Arm se encuentra el proyecto personal de Marc Rigelsford, el cual se encarga de la guitarra acústica, arreglos electrónicos, bases y loops, todo un hombre orquesta. Y para terminar de redondear el sonido, le acompañaba otro músico que se encargaba de las percusiones, usaba de bombo una maleta, además de usar pequeños aparatos de ritmo, clarinete y unos coros que encajaban a la perfección con la voz de Marc Rigelsford.

El pop delicado que forma Magic Arm se basa en unos principios muy claros, líneas de guitarra en bucle sobre las que aporta distinta instrumentación para dar distintos matices a las canciones: desde un arco de violín con el que cambiaba la textura sonora de su guitarra o los distintos aparatos electrónicos que llevaba.

Y todo, absolutamente todo, derivado al pedal de bucles, incluida su propia voz.

En principio se podría pensar que este detalle ayudaría a que el concierto derivase en un atasco de ruido pero no fue así, Marc Rigelsford controla ese aparato a las mil maravillas, con lo cual el resultado fue similar a escuchar una pequeña orquesta pop.

Así, iba derivando del pop más refinado a melodías cercanas al pop californiano, algún punto electrónico fantástico y un poco de experimentación, poca pero hubo, cuando derivaba los bucles al proceso electrónico y le acompañaba la batería, y además fue uno de los mejores instantes del concierto.

A nivel de trato con el público estuvo parco en palabras, agradeció el recibimiento y presentó una de las canciones “A walk” diciendo que estaba creada para mostrar el simple placer de pasear. Un hombre tranquilo, tal y como su música.

Cuando quisimos darnos cuenta y en el momento en el que había una mayor conexión músicos/público, el concierto había llegado a su fin. Apenas una hora de concierto que alargaron un poco al realizar un pequeño bis a petición del público y que siguió en el tono del resto del concierto, ninguna sorpresa, muchos grupos aprovechan los bises para mostrar otro plano, alguna frecuencia, pero no fue el caso.

Una actuación breve que dejó con ganas de ver hasta dónde podrían haber llegado con esa instrumentación en un minutaje mayor. De todas maneras una pieza musical perfecta para el martes noche. Un grupo a revisitar. Para quitarse el sombrero.