Los profetas del tango
La gente observa manifestaciones o profecías en todo tipo de elementos cotidianos: en las fotos, en las tostadas, manchas de humedad… o en otras más normales como pueden ser los textos de las canciones.
Pues bien, el pasado jueves se cumplía el treinta aniversario del grupo Malevaje, ¡enhorabuena!, y a parte de ofrecer un concierto soberbio, en algunas de sus canciones contaron que cuando las escribieron no pensaban que iban a volverse tan masivas, temáticamente hablando.
Como la canción “Milonga del fumador”, en la que hablan tanto de la actual crucifixión social del fumador como de los vestidos que actualmente algunos dueños ponen a sus perros, sí.
Malevaje es un grupo madrileño que hace tango, nada de fusión, por mucho que en uno de los temas su cantante Antonio Bartrina hiciera una pequeña broma sobre la fusión con un baile pseudo rapero que resultó bastante efectivo.
Pero pocas bromas con el tango, en ese estilo normalmente predominan letras sentidas, de amor frustrado o soñado y musicalmente se asocia muchísimo a un instrumento como es el bandoneón.
El jueves no hubo bandoneón pero no se echó en falta, el formato que salió al escenario del Centro Cultural del Matadero fue un trío compuesto por Antonio Bartrina a la voz, Fernando Gilabert al contrabajo y Sacri Delfino a la guitarra.
Con más de medio patio de butacas lleno, estos tres hombres ofrecieron un espectáculo que no decayó en ningún momento.
Además, el grupo tiene varias conexiones oscenses, Antonio Bartrina fue el fotógrafo del mítico disco de los Mestizos “Por el día y por la noche”. Y una de las canciones que tocaron el jueves, “Uno”, fue versionada en su día por Willy Giménez y Chanela.
Primera profecía de la noche, la canción “Fin de mes”, ya te puedes figurar de qué va la letra…
Una de las grandes virtudes del grupo es como pasan del humor al amor más descarnado o vengativo de una a otra canción pero sin perder en ningún momento el punto amable y magnético, de todo ello tiene buena culpa Antonio Bartrina, aunque los diálogos con sus dos compañeros de escenario también ayudaron y fueron muy necesarios.
Como buena banda de tangos también interpretaron varios temas clásicos como “Aquel tapado de armiño” o “Esta noche me emborracho”, y seguro que de no haber asientos más de uno y de dos se habría arrancado a bailar.
Segunda profecía: “Al mundo le falta un tornillo”. Previa a esa canción interpretaron “Mi vieja viola”, pero que nadie piense mal, viola es la manera en la que los argentinos llaman de manera cariñosa a la guitarra. Y sí, resultaba curioso el cambio de fraseo del cantante, entre canción y canción castizo, y al cantar cercano al acento porteño, curioso pero del mismo modo, fascinante.
Más canciones clásicas como “Qué buena fe” para llegar al punto culminante de la celebración del treinta aniversario interpretando “Garufa”, canción que recibió una dosis extra de aplausos por parte del público y eso que en ningún momento de la noche anduvieron cortos de los mismos. La actuación iba para arriba.
Y no era para menos, porque cuando Fernando Gilabert se quedó solo en el escenario, con su contrabajo, para interpretar la ranchera “Fallaste corazón”, la emoción superó con creces todo tipo de adjetivos, los aplausos ya no fueron aplausos, fueron otra cosa, un instante especial en el patio de butacas del Matadero.
Para finalizar hicieron un tango medio foxtrot medio tango, sí, esta vez hubo algo de fusión y recibió tal ovación que tuvieron que salir para interpretar una última canción.
Un concierto para celebrar y para salir cantando: “Sola, fané, descangayada, la vi esta madrugada salir de un cabaret”.