Una vida en veinte canciones
Nunca está de más hacer un resumen, echar una mirada atrás y ver lo que se ha hecho hasta ese momento. Y para ello qué mejor excusa que aprovechar un redescubrimiento por parte del público. Eso es lo que le está sucediendo actualmente a Nick Garrie, músico inglés con amplio recorrido desde los años sesenta pero que cayó en el ostracismo con su álbum de debut, un disco de pop barroco muy difícil de conseguir y que se reeditó cuarenta y dos años después en lo que ha supuesto la rentrée de Nick Garrie a la primera plana musical.
Para la noche del jueves dejó atrás ese pop barroco y se presentó en el Centro Cultural del Matadero con una guitarra acústica, una armónica y su voz, nada más, aunque tampoco hizo falta. Se agradeció mucho ver las canciones en su punto más inicial, que es donde se puede ver la fuerza de las composiciones, y a esto es muy difícil que le gane nadie.
De las veinte canciones que compusieron el set de Nick, cada una sonó distinta, especial, pero dentro de un discurso propio, de su propia voz, algo que cada vez escasea más. Quizá por esto aún sea más entrañable la reedición. Cercano a los vodeviles de Paul McCartney pero con un punto más psicodélico, más Donovan, como por ejemplo la canción con la que terminó el concierto y que da título a su obra maldita, ‘The Nightmare Of J.B. Stanislas’. Con esa sensación del que “ya lo ha hecho todo” dio un repaso junto a su vida a través de veinte canciones, más el añadido bis, así pasó de ese mítico disco, a un accidente de esquí, noches en París (su buscadísimo disco tan solo llegó a editarse en Francia), prostitutas, una frenada de su vida musical debido al matrimonio e hijos, divorcio… Sí, sí, dio un repaso en toda regla, repaso acelerado y en ningún momento resentido, como divorciado se le veía feliz, como redescubrimiento actual, dio la sensación que también.
Las canciones más recientes, como ‘Twilight’, interpretada a petición del público, siguen siendo composiciones muy buenas, canciones pop de manual, pero habría que reconocer que el paso del tiempo le ha imprimido un carácter un pelín más melodramático. El cenit del concierto fue cuando interpretó ‘Can I stay with you’, parte de ese patrón edulcorado del pop inglés que tan bien nos entra, pero no olvidemos que el autor actualmente se encuentra viviendo una segunda juventud tal y como se pudo comprobar en ‘Rainy Days In Sunny Sydney’, en la línea de sus más clásicas composiciones.
Bromas con el público y la luz encendida para interpretar el bis, ya que según el propio Nick dijo, toca mejor cuando ve al público. Fue un concierto que pasó de de forma muy agradable. Oye, y si alguien echó de menos los violines lo tiene fácil: ‘The Nightmare Of J.B. Stanislas’, es una obra que merece ser escuchada.