¡Peret resucita!
Por el titular podría entenderse que ha sucedido otra noticia relacionada con la muerte de Peret, recordemos que falleció el pasado veintisiete de agosto pero durante ese mismo día murió y vivió varias veces en distintos comunicados, de lo cual se desprendió la frase de uno de sus estribillos más célebres: “y no estaba muerto, que estaba tomando cañas”. Pues no, lamentablemente Peret no resucitó el pasado jueves en el C.C. Matadero de Huesca pero le rindieron un sentido homenaje en forma de concierto, una reivindicación más que necesaria.
Hubo cierto retraso sobre la hora programada, lo cual ayudó (o no) a que la gente buscara su localidad, aunque no hubo problemas de ubicación, se registró una media entrada, pero eso sí, la media entrada con más ganas de baile del último año en el Matadero.
El espectáculo, anunciado con el nombre “De rodillas ante Peret” lo abrieron José Arjona al cante y Santos Giménez a la guitarra. Hicieron un mix de temas de Peret partiendo de un pequeño fandango y siguieron con las rumbas “El mesón del gitano” y “Borriquito”.
Tras ellos llegó el plato fuerte del homenaje, apareció la banda El Mal de Sambito, herederos de la formación Willy Giménez y Chanela, mítica formación oscense heredera de la rumba y el sentir gitano que exhibía Peret por los escenarios.
Ellos fueron los encargados de interpretar las canciones de Peret y aportarles un punto más latino, cercano a sonidos de Cuba, gracias a la aportación de su sección de vientos, con saxofón y trompeta, que dieron muestra de una gran versatilidad, tanto en soporte a banda como en sus intensos solos. Los vientos en el lateral izquierdo del escenario y a la derecha un dúo de coristas que ampliaba el punto gitano de las canciones, dándole un matiz muy interesante a los temas, gran elección.
Abrieron con “La noche del hawaiano” y siguieron con “No se pué aguantar” en mitad de la cual ya pidieron a la gente que se levantase para bailar, y eso que solo era la segunda canción. A partir de ahí la fiesta fue continua, bailes por los laterales, palmas, gritos, aplausos, un frenesí. Uno tras otro fueron cayendo los temazos del gran Peret “Una lágrima cayó en la arena”, “Don Toribio Carambola”, y “La fiesta no es para feos”, que fue presentada con mucha gracia incluyendo una anécdota, tal vez inventada, que les había sucedido.
Continuaron con “La rumba del tracatrá” y terminaron el concierto con “El muerto vivo”, en una versión extendida que sirvió para presentar a toda la banda, con los solos de cada músico, un gran final de fiesta.
Y como la gente se había quedado con más ganas de juerga, tuvieron que volver a salir para interpretar un bolero que fue muy ovacionado, con ello se retiraron definitivamente, pero no acabó el concierto porque aparecieron Arjona y Santos Giménez para continuar la fiesta pero derivándola un poco fuera del homenaje, a terrenos más flamencos. El patio de butacas del matadero era una fiesta. Gran homenaje a una figura única dentro de la música española. Larga vida a Peret.