Regreso al futuro
Con tanta teoría y charla alrededor del Congreso de Periodismo de Huesca vamos a acabar con la cabeza hecha un lío. En este mundo prodigital hay una corriente muy clara que aboga por tratar a los lectores como usuarios, en términos musicales podríamos decir que el espectador ya no debe ser tratado como tal sino como un conector que puede enlazar distintas informaciones a lo largo de la red.
Así que, querido conector, aquí va la crónica del concierto que hubo el pasado jueves en el Centro Cultural Matadero de Huesca. El encargado de tal labor fue Eliseo Parra, toda una figura del folk estatal. El folk, haciendo de nuevo un paralelismo con las nuevas tecnologías, podría ser tratado como el elemento antiguo y falto de innovación, el lastre que impide avanzar. Y las nuevas músicas, el camino a explorar, aunque dentro de una red social musical que está llevando al 90% del panorama actual a utilizar los mismos patrones, generando un clima bastante previsible.
Pues bienvenido Eliseo Parra, que con sus músicas, arreglos y cantes demostró que otro futuro es posible partiendo del respeto y conocimiento del pasado. Venía a presentar su nuevo disco, que lleva por título “A man sur”, un homenaje a las músicas del sur de la península y a la figura de Almanzor.
Arrancó el concierto de forma arriesgada, tan solo con su voz, para realizar un canto de trilla, tras este comienzo un tanto espiritual, fue incorporando la pandereta para tocar el “Pesao ligero” y en el siguiente tema utilizó una sartén, sí, has leído bien, como elemento de percusión.
La labor de rescate de los cantos populares ha llevado a Eliseo Parra a recorrer todo el país y eso es lo que hizo durante todo el concierto, mostrarnos la riqueza de cantos del país, con sus usos y costumbres, como puede ser utilizar una sartén como percusión o cuando salieron sus dos maravillosos músicos acompañantes, otros elementos musicales autocreados como fueron un tubo de aspirador, una muleta, una silla o el más alucinante de todos, una valla metálica de obra. De todos estos elementos excéntricos se encargó, Xabi Lozano, que crea sus propios instrumentos de viento y junto a José Luis Ordóñez, quien se encargó de las líneas de guitarra, arroparon a las mil maravillas las melodías. Canciones populares, arreglos extraordinarios.
Porque nadie se esperaba que cuando fueron a tocar un tema de Agapito Marazuela, en concreto “Una palomita blanca”, sacasen una valla de obra, la inclinasen ligeramente y lograsen sacar de ella sonidos similares a los de una flauta. Apoteósico.
Pero no todo fue exploración, el folk más puro estuvo continuamente presente en temas como la ronda “A la zarzamora” o cuando Eliseo Parra se pasó a tocar el pandero cuadrado y continuar con unas bulerías.
Del sur fuimos al norte para escuchar una rumba asturina, regresamos al sur para para unas jotas, sí, unas jotas en el sur, y todo el recorrido musical explicado por Eliseo Parra de forma muy didáctica y amable, dando mucho peso e importancia a la mujer, la cual bailaba, cantaba y se ocupaba de las labores del hogar.
Siguió el concierto con las seguidillas “Van por el aire” y el público, que cubría una buena parte del patio de butacas, se arrancó a cantar con Eliseo. Otro elemento que llamó la atención fue ver a un vallisoletano como Eliseo Parra, cantar una canción en catalán, “El silenci d’estimar”, otro punto a su favor.
Terminó el concierto con el consejo de no perder “La llave de la alegría” y Xabi Lozano, que había estado extraordinariamente divertido durante todo el concierto, puso el colofón tocando una muleta, haciendo primero ritmos y después utilizándola como un instrumento de viento.
La ovación fue unánime, así que tuvieron que salir para tocar un par de canciones más, Eliseo Parra aprovechó la jugada para preguntar por Olga, de Olga y Los Ministriles, y así, de forma totalmente improvisada, subió al escenario para cantar junto a él “Va delante de su madre”, una jugada que les salió a las mil maravillas. El concierto terminó con un romance, en el que se cuenta la historia de una monja que no quería serlo, el elemento excéntrico en este tema fue una silla que hizo las veces de flauta, por qué no, ya todo parecía posible, incluso que el folk fuese realmente el futuro.