Todo es un cuento de hadas
Casi cualquier cuento se basa en la estructura: introducción, nudo y desenlace. Y si se trata de una fantasía de hadas y princesas necesitamos, por lo menos, una protagonista y un reverso tenebroso.
En este caso la protagonista fue Emily Jane White, que vino al C.C. Matadero a presentar su último disco “Blood/Lines” tras cuatro años de silencio, y el ente tenebroso son las melodías en ocasiones góticas que presenta. Goticas, tenebrosas, melodías que juegan con lo infantil, esas frecuencias.
El concierto empezó con Emily en el centro del escenario, subida a una plataforma de un metro de altura y con una túnica roja. Todo muy épico. A sus lados, los dos músicos que la acompañaban, batería y una teclista/corista con aires dickensianos. De fondo iban proyectando unas imágenes en las que podíamos observar a la propia Emily Jane White posando para un cuadro, el cual vimos como se iba realizando durante el transcurso del concierto, quizá entroncado con el título y el concepto de su último disco.
Tras un comienzo espacial, con la voz embutida en reverb y apenas cambios de compás, se introdujeron en una fase más rítmica aunque la reverb siguió en los desarrollos espaciales. Y ese detalle la acercaba a tonos épicos electrónicos como los de Julia Holter, aunque con el detalle de la túnica, y aunque parezca en principio bastante ajeno a su mundo indie gótico, también hubo pequeñas partículas de Enya.
Cuando toda la introducción de la fantasía había sido presentada llegamos al nudo, en el que perdieron un poco los sonidos electrónicos y se acercaron a las melodías folk, no en vano, los dos primeros discos de Emily Jane White son próximos a ese mundo. Era el turno de la guitarra acústica y en lugar de los sintetizadores, toques de piano, efectos los justos. Aunque en las siguientes canciones fue combinando los temas electrónicos con los folk pero todo en el mismo plano, aunque sean dos estilos casi opuestos no dio la sensación de ver a dos artistas distintos, no, era Emily Jane White defendiendo su proyecto y defendiéndolo con altura.
A pesar de ser día de fútbol, ese deporte que paraliza el país, el Centro Cultural del Matadero presentó una aceptable entrada, lo cual es de agradecer, y fue este mismo público el que con sus aplausos obligó a la banda a volver a salir al escenario para interpretar un bis.