Transcantábrico folk express
La puesta en marcha de la nueva línea transcantábrica folk ha sido todo un éxito tal y como pudimos comprobar en su parada del pasado jueves en el Centro Cultural del Matadero. Pero bueno, antes de nada habrá que decir, para no engañar a nadie o llevar a equívocos, que La Transcantábrica Folk no se trata de una línea de transporte real, sino que más bien se trata de una ruta mental, basada en el nuevo trabajo del destacado músico Kepa Junkera que acaba de realizar un disco titulado “Galiza”, dedicado como bien se intuye, a Galicia.
Y él al ser vasco y venir a presentarlo al Matadero, pues genera una ruta sencilla: Galicia, País Vasco, Huesca. Con un patio de butacas casi lleno se presentó acompañado por los músicos Iñigo Olazábal, Argíbel Euba, a las percusiones, y Carolina Vázquez y Cristina Pico en las voces y panderetas. Comenzó con una larga introducción a la trikitixa, un instrumento similar a un acordeón pero más pequeño y del cual Kepa Junkera es un virtuoso, el Jimi Hendrix de la trikitixa, pocas personas pueden tocar ese instrumento como él, con esa técnica y sensibilidad. A esa línea musical se fueron incorporando poco a poco los panderos, las panderetas, un pequeño triángulo, incluso una alboka, que es un cuerno convertido en instrumento de viento, y aparecieron las voces de Carolina y Cristina para terminar de perfilar el color del concierto. Folk con tradición del norte.
Hubo varios momentos místicos en el concierto, el primero, la txalaparta, ese instrumento de percusión que se tiene que tocar entre dos personas golpeando con dos palos varios listones de madera, algo primitivo e hipnótico, hubo un solo de txalaparta que cautivó a todo el personal y fue ampliamente ovacionado. Las canciones de Kepa Junkera, en esa línea de folk tradicional, son perfectas para dejarse llevar por el baile y la fiesta, por ello es bastante lógico que mezcle distintas culturas en sus proyectos, la fiesta une y ayuda a conocer. El segundo evento místico de la noche sucedió cuando Kepa y uno de sus percusionistas se lanzaron a tocar unos tubos que impactaban contra el suelo del escenario y que provocaron el movimiento de uno de los micrófonos que captaba el sonido, aspecto solucionado por uno de los espectadores que rápidamente salió a socorrer y frenar el movimiento de ese micrófono. A partir de ahí una amistad entre Kepa y los espectadores de primera fila estaba por nacer. Aprovechó ese momento para interactuar más con la gente y se le notó distendido y muy gracioso, tuvo hasta algún guiño a Iker Jiménez por el tema del movimiento del micrófono, y justo cuando lo estaba diciendo apareció un saltamontes por el escenario que fue atacando uno a uno a todos los músicos, sí, sí, eso fue así, así que Iker, atento, es posible que dentro de poco tengas que venir a Huesca.
Fue un concierto repleto de sonidos y sensaciones del norte, desde canciones típicas del País Vasco, pasando por muñeiras, una de las piezas de este último disco se conoce como la muñeira vasca, que fue interpretada con baile incluido. Aunque no se olvidó de sus temas más clásicos como “Bok-Espol”, el cual incluyó dentro de un mix final que parecía no tener fin, pero eso era lo de menos, la fiesta no podía ni merecía parar. En el obligadísimo bis, Kepa Junkera sorprendió a todo el personal al salir con los integrantes del grupo oscense Olga y los Ministriles para interpretar con ellos una jota y en una despedida conjunta, la banda de Kepa y Los Ministriles, tocaron “La repuñetera”, un tema tradicional de La Almolda. Con eso el finalizaba el viaje, de Galicia a Huesca en apenas dos horas, ruta mágica y recomendable.